Una marea llena de vida

La zona de mareas, es decir, la parte de la costa que queda descubierta durante la bajamar, constituye un espacio ideal para observar la flora y la fauna marina y los procesos ecológicos que se desarrollan en los fondos rocosos. Se trata de un recorrido tranquilo, que se debe hacer provisto del calzado adecuado para evitar resbalones, y que brinda la oportunidad de respirar el olor a mar, a sal y yodo, y escuchar el sonido de las olas al romper. La observación es más detallada y educativa si vamos acompañados de un experto conocedor del desarrollo de la vida en estos espacios.

Son las algas, que presentan una gran cantidad de especies, las que dan el colorido y producen ese intenso y agradable olor a mar, pero se pueden encontrar también numerosos animales invertebrados (lapas, burgados, cangrejos, gusanos, anémonas, erizos, etc,), algunos peces (cabosos, barrigudas, pejeverde, lisa, etc.) y aves (garzas, zarapitos, chorlitejos, etc.). Con suerte y paciencia se pueden contemplar espectáculos como el de un pulpo capturando cangrejos, sacando incluso los tentáculos del agua, o  una garza pescando en un charco. Algas, animales herbívoros y carnívoros conforman la cadena alimentaria intermareal, en el que las aves conforman el eslabón más alto junto con el hombre. Al subir la marea el agua trae plancton para los animales filtradores y también penetran en busca de alimento muchos peces herbívoros y carnívoros. La actividad extractiva humana se centra en herbívoros, principalmente las lapas, los burgados  y los erizos, y en carnívoros como el pulpo.

Cuando miramos de lejos no apreciamos la existencia de un orden evidente en el desarrollo de la vida en la marea, sólo nos queda claro que hay zonas que se quedan en seco, y charcos. Pero si nos fijamos bien, ya podemos apreciar que los organismos forman bandas horizontales que le dan color a la costa y contribuyen a conformar un paisaje cambiante a lo largo del año. En la roca que queda en seco en la bajamar se encuentran los organismos más resistentes a la desecación, es decir, que toleran o necesitan quedarse al aire durante un cierto tiempo (algunas algas, las lapas, los burgados y los cirrípedos o canutillos por ejemplo); estos últimos forman una banda ancha amarilla a media marea. Otros organismos viven en las masas de agua de los charcos y están preparados para soportar importantes cambios de salinidad y temperatura, pero no toleran la desecación. Debido a que los hábitats de la parte alta, tanto la roca en seco como los charcos,  se quedan más tiempo expuestos en marea baja, la vida en ellos es más difícil debido a las duras condiciones y son pocas las especies que los habitan. A medida que se desciende en la marea las condiciones ambientales se suavizan y el número de especies aumenta progresivamente, al mismo tiempo que se van sustituyendo por competición. Este proceso de tolerancia a las condiciones ambientales por arriba y competición por debajo genera la disposición a bandas horizontales mencionada.

En Tenerife hay excelentes zonas de marea, extensas y con muchos charcos, destacando algunas como las de Punta del Hidalgo, Valle Guerra, Los Silos-Buenavista o El Médano. Recomendamos no perderse la sorprendente experiencia que ofrece un recorrido por la marea.

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