Teobaldo Power

Canarias ha dado grandes personajes al mundo en casi todas las ramas del conocimiento: Ciencia, Historia, Arte, Literatura y un largo etcétera en el que incluimos con letras mayúsculas a los Músicos. Entre estos últimos se encuentra Teobaldo Power y Lugo-Viña, un tinerfeño descendiente de una de las familias irlandesas que se asentaron en Canarias a mediados del siglo XVII, que destacó no sólo como compositor e intérprete sino también como docente y pedagogo del piano.
Criado en un ambiente en el que la música desempeñaba un papel muy importante, a edad muy temprana ya empezó a mostrar sus habilidades como pianista. Con sólo 9 años comenzó a interpretar de forma magistral obras de Thalberg, Liszt, Herz y otros grandes maestros, y a los 10 años ya compuso su Polonesa-Mazurca.
Empezaba a destacar en Tenerife cuando su padre fue destinado como Oficial Mayor al Gobierno Civil de Barcelona. Allí continuó su formación musical, ofreciendo también conciertos ante destacados músicos. En 1862, con catorce años, la Diputación Provincial catalana le concedió una beca (“por su asombroso genio”) para que continuara su formación en el Conservatorio de París, donde estuvo en contacto con pianistas como Chopin y Liszt, quien precisamente le acercó a la música temática popular y folclórica, que más tarde marcaría su gran obra.
Salvo breves visitas a España en las que ofrecía conciertos que tuvieron gran éxito, en París permaneció hasta finalizar sus estudios en 1866. Comienza entonces una etapa de concertista que le llevó por Francia, Bélgica, Portugal, e incluso Estados Unidos, comparándose sus interpretaciones con las de virtuosos de la época de la talla de Franz Liszt o Anton Rubinstein.
Tres años después regresó a París, donde dirigió una compañía de ópera hasta que, al estallar la guerra franco-prusiana en 1870, la compañía se disolvió y él se vio obligado a volver a España. Se instaló en Madrid, pero eran tiempos difíciles para los músicos y no encontraba trabajo, por lo que pasó grandes penurias económicas. Cuentan que un día se encontraba en el café El Prado y, como no tenía dinero, se ofreció para tocar el piano a cambio de una consumición. El éxito fue tan grande que quedó contratado. Allí conoció a Isaac Albéniz, Tomás Bretón, Gustavo Adolfo Bécquer y otros intelectuales de la época. A pesar de todo fueron unos años fructíferos, en los que siguió componiendo, dio varios conciertos e incluso realizó un estudio teórico sobre el piano, pero su salud se empezó a resentir.
Ocho años después, a finales de 1878, aparecen ya los síntomas de la tuberculosis y fue entonces cuando decidió volver a Tenerife con la esperanza de mejorar. Y efectivamente, gracias al buen clima y a la vida tranquila, su salud mejoró notablemente, lo que le permitió seguir componiendo y continuar con su actividad de concertista por las islas de Tenerife y Gran Canaria, alcanzando un alto grado de popularidad. En 1879 contrajo matrimonio con su pariente Julia González Lugo-Viña y permaneció en Tenerife hasta 1882.
En abril de 1882 comienza una nueva etapa fuera de las islas y, pasando por varias provincias andaluzas, se estableció de nuevo en Madrid, donde ganó la cátedra de piano en la Escuela Nacional de Música. Fue este un tiempo muy prolífico también, pero duró poco y el 16 de mayo de 1884, en plena fase de reconocimiento de su talento musical y capacidad interpretativa, falleció. Tenía tan solo 36 años.

Su obra
Como virtuoso del piano, Teobaldo Power compuso diversas obras para este instrumento, algunas más concertísticas (Scherzo, Estudios,..), otras calificadas como más ligeras (Polonesa, Vals brillante, Vals de bravura) y, como buen Romántico, otras de carácter más intimista, (Capricho romántico, Canción española), así como dos conciertos para piano y orquesta. Se incluyen también en su obra la Sinfonía en La m, el Estudio Stacatto, una obertura, La Aurora, y una ópera, A Normando, normando y medio. En algunas de estas obras se descubren notas y fragmentos propios de la música popular canaria, pero es en los Cantos Canarios, su obra maestra, donde reúne de manera exquisita los principales aires canarios y los convierte en una preciosa obra sinfónica. Un fragmento de los Cantos Canarios, el Arrorró, constituye la base del Himno de Canarias, perdurando así la figura de Teobaldo Power en la memoria colectiva de los canarios.

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