Parques Nacionales de Canarias

La extraordinaria naturaleza de las islas Canarias, con formaciones geológicas de espectaculares y una rica biodiversidad, favorecida por la existencia de numerosos endemismos o especies exclusivas, tanto de plantas como de animales, ha merecido el reconocimiento de tener el mayor número de parques nacionales de todas las regiones del  país, la máxima figura de conservación. Se trata del Teide en Tenerife, La Caldera de Taburiente en La Palma, Timanfaya en Lanzarote y Garajonay en La Gomera. Además de permitir conservar la naturaleza, estos espacios presentan unos paisajes de gran belleza y muy diferentes que merece la pena conocer. Son ideales para realizar senderismo, actividades de educación ambiental, ecoturismo, etc.

El parque nacional del Teide, declarado en 1954, ocupa una amplia zona de las cumbres de Tenerife, siendo el mayor y más antiguo. En el año 2007 fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.  En él se encuentra el espectacular volcán del Teide, que con sus  3718 metros es el pico más alto del país. En su entorno se despliegan formaciones geológicas muy notables, como coladas de lavas muy antiguas y otras más recientes, altas crestas que constituyen los restos de una caldera en su entorno, etc., formando un paisaje de aspecto insólito que sorprende. Además, presenta una característica y particular vegetación de cumbre, adaptada a grandes cambios de temperatura, con numerosos endemismos tales como el  tajinaste rojo, las retamas y la violeta del Teide entre otros. Después del letargo debido  un invierno en el que las temperaturas son muy bajas y nieva con cierta frecuencia, en el mes de mayo la vegetación experimenta un desarrollo rápido y el parque nacional se llena de colorido con la floración. Se trata de un espectáculo multicolor que dura poco tiempo, pero que es digno de contemplar, máxime cuando en estas fechas ya suele brillar un sol radiante en las cumbres.

El parque nacional de la Caldera de Taburiente, en la isla de La Palma, declarado también en 1954, destaca por ser una antigua caldera volcánica muy erosionada, un paisaje impresionante con paredes muy escarpadas.  La depresión que forma la Caldera se encuentra entre los 600 y los 900 metros sobre el nivel del mar, mientras que las crestas que forma el cerco rocoso que la rodea alcanza los 2.426 metros en el punto más alto, el llamado Roque de los Muchachos, lugar en el que se ubica el Observatorio Astrofísico del mismo nombre. La caldera desagua por uno de los mayores barrancos de Canarias en la costa de Tazacorte. El agua constituye una de sus bellezas naturales: numerosas fuentes brotan formando al unirse corrientes, riachuelos y caprichosas cascadas. El parque nacional está poblado por una vegetación diversa dominada por un extenso pinar de pino canario, pero en su parte más alta se desarrolla también la característica vegetación de cumbre, adaptada a los rigores climáticos.

El parque nacional de Timanfaya, en Lanzarote, fue declarado  en 1974. Se trata de un escenario volcánico sorprendente, con numerosos conos de gran belleza y con lavas de erupciones históricas, algunas de las cuales cubrieron pueblos del entorno; las coladas más recientes se produjeron en  la erupción de 1824. La vegetación tiene escaso desarrollo ya que las condiciones de vida son extremas en su dureza y las lavas jóvenes están en las primeras fases de colonización, donde dominan los líquenes. Predominan las tonalidades negras y rojizas de lapillis y arenas y las oscuras de las lavas basálticas, todo ello salpicado de manchas de diferentes colores pertenecientes a las numerosas especies liquénicas. Es el segundo parque canario más visitado después del Teide. El subsuelo mantiene una elevada temperatura debida a la energía geotérmica y el visitante puede participar de espectáculos como la generación de chorros de vapor, al echar agua en las grietas,  u observar cómo se asan alimentos sin fuego en un vulkan grill.

El parque nacional de Garajonay, en la isla de La Gomera, declarado en 1981, destaca por albergar la muestra mejor conservada  de laurisilva, relicto de un bosque húmedo que en el terciario cubría prácticamente toda Europa. Este bosque alberga una gran diversidad vegetal, incluyendo grandes helechos, en la que destacan los árboles del grupo de las lauráceas que le dan nombre a dicha pluvisilva. La fauna también es rica en especies de aves e insectos, destacando las palomas endémicas de las canarias occidentales. Los roques, antiguos conos volcánicos muy erosionados, destacan también en un paisaje envuelto con frecuencia en la niebla que generan los vientos alisios. Igualmente, son espectaculares los paisajes que se observan  caminando por los numerosos senderos, de los  cuales destaca el que bordea el riachuelo de El Cedro, que discurre permanentemente por la parte más honda del parque. Siguiendo este riachuelo se llega a una ermita rodeada de un claro, en el que en los días soleados se puede respirar el aire fresco, escuchar el sonido de los pájaros y de la arboleda al moverse con la brisa suave y llenarse de la luminosidad de la zona; en fin, disfrutar de una grata sensación de bienestar.

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