Los islotes de Canarias

Siempre se ha dicho que el archipiélago canario está formado por siete islas, pero esto no es del todo cierto ya que realmente son ocho, teniendo en cuenta que La Graciosa, situada al norte de Lanzarote, aunque mucho más pequeña y de menos altura, mantiene una población fija que supera los 600 habitantes, concentrados principalmente en Caleta del Sebo. Otros islotes grandes, pero deshabitados, situados en la misma zona son Montaña Clara y Alegranza. La lista se completa con la Isla de Lobos, situada en el norte de Fuerteventura.

La Graciosa, separada de Lanzarote por un estrecho brazo de mar conocido como El Río, forma parte del grupo de islotes conocidos como el Archipiélago Chinijo (en lenguaje canario significa pequeño), integrado además por Montaña Clara, Alegranza y los roques del Este y del Oeste, siendo este último un pequeño peñasco cercano a Montaña Clara. En conjunto, se trata de un espacio singular y de alto valor geológico, paisajístico, paleontológico, arqueológico, biológico y ecológico en tierra y en el mar declarado parque natural y área marina protegida.

La Graciosa tiene aproximadamente 29 km2   de superficie y una altura máxima de 266 m sobre el nivel del mar. La economía de la isla está basada en la pesca y el turismo y a ella se llega desde el puerto de Órzola en Lanzarote, desde donde parten barcos de pasajeros varias veces al día. Después de un corto viaje, que dura menos de treinta minutos, se llega al puerto de Caleta del Sebo. Este pueblo presenta un encanto especial debido a sus calles de arena, casas blancas y el ambiente marinero, donde el tiempo parece haberse detenido hace mucho. Está situado en la costa del mencionado estrecho de mar que separa a La Graciosa de Lanzarote, en una zona de playas de aguas tranquilas y cristalinas y de arenas doradas, teniendo enfrente el espectacular paisaje de los formidables acantilados lanzaroteños de Famara. En sus proximidades, después de una corta caminata, se encuentra una zona de dunas y playas como la Francesa y la de La Cocina. La playa más solitaria se ubica en una zona más alejada, al noroeste, ya mirando a Montaña Clara, se trata de la playa de Las Conchas. Recorrer la isla y disfrutar de sus playas y paisajes, de sus tradiciones, de sus gentes y de su aire marinero es una excelente manera de pasar unos días de vacaciones en un ambiente de relax, que solo se altera con la masiva llegada de visitantes en los meses de verano y en las festividades principales. Otro aspecto a destacar de Caleta del Sebo es también el buen pescado fresco que se consume en sus restaurantes. La Graciosa tiene tras sí una larga historia humana, pues el proceso de colonización por habitantes de Lanzarote, ligado siempre a la actividad pesquera, comenzó hace mucho y experimentó muchas vicisitudes a lo largo del tiempo, generando tradiciones singulares incluso en la indumentaria. Es destacable que, mucho antes de la conquista de Canarias por los castellanos, los romanos y fenicios ya buscaban refugio en las tranquilas aguas de El Río, como lo atestiguan las ánforas encontradas en su lecho marino.

Desde Caleta del Sebo se pueden organizar excursiones en barco para visitar el resto de los islotes, en los que posible observar sus extraordinarios paisajes y su rica avifauna, tanto de aves marinas como terrestres (pardelas, paiños, petreles, halcones, águilas pescadoras, diversas aves migratorias, etc.), y también es posible bucear en las zonas permitidas de la reserva marina. La riqueza biológica de estos islotes limita mucho el bajar a tierra y caminar por ellos, de forma que solo se permite en dos sectores de Alegranza, donde se puede bajar atracando en el muelle de El Faro o fondeando en la zona de El Veril. Este islote es el mayor, después de La Graciosa, pues tiene una superficie de algo más de 10 km2 de superficie y alcanza 289 m de altura sobre el nivel del mar. Presenta paisajes extraordinarios como La Caldera, El Jameo, una cueva de techo abierto en la que penetra el mar, La Montaña de Lobos, de color rojo, y la playa de arenas del mismo color situada en su base. La experiencia de visitar estos islotes, con total seguridad, no dejará indiferente al visitante.

El otro gran islote canario se encuentra en el norte de Fuerteventura, se trata de la isla de Lobos, cuyo nombre se debe –como en el caso de la montaña mencionada de Alegranza- a la presencia en el pasado de poblaciones de foca monje, conocida como lobo marino. Presenta una extensión de 4,58 Kmy una altura de 127 m sobre el nivel del mar. Se accede a él en Corralejo, desde donde parten embarcaciones a diario, llegando a un pequeño puertito o desembarcadero situado en un entrante abrigado. Presenta también singulares valores geológicos, arqueológicos y biológicos. Recientemente los arqueólogos han excavado restos de construcciones romanas que se relacionan con las actividades de extracción de tintes púrpura de moluscos. El islote dispone de una red de senderos que permiten recorrerlo y así pasar un día diferente.

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