La flora

Uno de los encantos de visitar Canarias es apreciar de cerca la singular vegetación que alberga, repleta de endemismos, es decir, especies que solamente se dan de forma natural en las islas del Archipiélago. Para conocer las causas de que esta flora sea única hay que remontarse a los tiempos en que las Islas empezaron a emerger del fondo del océano, unos 20 millones de años atrás, cuando empezaron a ser colonizadas por las semillas -y animales- que, procedentes del Norte de África y de la Europa meridional, llegaban flotando, volando o adheridas a diversas superficies. Una vez instaladas, el aislamiento geográfico y espacial debido a la distancia al continente y a las restantes islas, la elevada altitud, la complicada orografía y los numerosos microclimas que se originan en consecuencia, hicieron que estas especies evolucionaran hacia formas únicas. Eso explica el alto número de endemismos de la biodiversidad canaria, superando la cifra de 3600 especies y 600 subespecies entre plantas, hongos y animales. Más aún: en la primera década de este siglo se ha descrito un promedio de una especie o subespecie canaria nueva para la ciencia cada seis días. Esto convierte al Archipiélago en el centro de biodiversidad más relevante en el ámbito de la Unión Europea y uno de los más destacados a nivel mundial. La mayoría son endemismos regionales, insulares e incluso locales, y hasta de una montaña, un barranco o un acantilado. No obstante, también existen muchos endemismos compartidos con los archipiélagos de la Región Macaronésica: Madeira, Azores, Cabo Verde y, en menor medida, con las Islas Salvajes, al tener en común el origen europeo de buena parte de la biodiversidad.

Otro hecho curioso en las Islas es el modo en que las especies se agrupan, en función del clima, la altitud y la orientación, en diferentes franjas, más o menos horizontales alrededor de toda la isla, en las que las especies vegetales dominantes dan carácter a toda la franja, motivo por el que se las conoce genéricamente como pisos de vegetación, nombrando cada piso por la o las especies dominantes (cardonal-tabaibal, pinar, etc.). En todos ellos encontramos especies de singular belleza y de gran importancia ecológica, de las que nombraremos solamente las más emblemáticas.

Centrándonos en Tenerife, si hiciéramos un recorrido genérico de costa a cumbre, el primer piso de vegetación que encontramos es de clima subdesértico, conocido como cardonal-tabaibal; como su nombre indica, cardones y tabaibas son las especies predominantes. El cardón (Euphorbia canariensis) es una planta con forma de candelabro que puede llegar a medir hasta 4 m de diámetro. Entre los brazos de este aparente cactus se refugian otras muchas especies endémicas de flora y una fauna también variada y de gran interés, por lo que se puede decir que forman una auténtica comunidad. El cardón vive muchas veces acompañado de la tabaiba dulce (Euphorbia balsamifera), un precioso arbusto achaparrado que cambia de color con las estaciones, o los siempre verdes balos (Plocama pendula), y numerosas especies que pasan casi desapercibidas pero que aportan una increíble vida a esos terrenos aparentemente desprovistos de vegetación. Para ver un cardonal-tabaibal en todo su esplendor, lo mejor es caminar por los senderos del Malpaís de Güímar, un Espacio Natural Protegido, en el que además pasearemos entre las lavas, cuyas curiosas formas completan este singular paisaje volcánico.

Del siguiente piso de vegetación, conocido como bosque termófilo, con mayores recursos hídricos que el anterior y temperaturas más templadas, destacaríamos dos especies emblemáticas: la palmera canaria (Phoenix canariensis), cultivada en buena parte del mundo por su elevado valor ornamental, y el drago (Dracaena draco), famoso por la longevidad de algunos ejemplares. La palmera la podemos observar por toda la isla, en los márgenes de carreteras y jardines de todo tipo, pero es mejor contemplar los palmerales naturales, como el de la Rambla de Castro o el del Barranco del Cercado, en San Andrés. En cuanto al drago, merece la pena visitar el de Icod de Los Vinos, de unos 800 años, alrededor del cual se ha creado un Parque en el que además podemos contemplar otras muchas especies endémicas.

El piso que encontramos a continuación está situado entre los 600 y los 1200 m de altitud, se ve afectado por los vientos alisios y las precipitaciones están próximas a los 1000 mm anuales. Es la franja en donde se da la laurisilva, en la que destaca el laurel (Laurus novocanariensis), el viñátigo (Persea indica), o el acebiño (llex canariensis), entre otros. Por encima de la laurisilva, entre los 1400 o 1500 m se situaría un piso de vegetación denominado monteverde o fayal-brezal, por la predominancia de brezos (Erica arborea) y fayas (Morella faya). Para ver estos árboles y la vegetación de sotobosque que los acompaña, recomendamos hacer una excursión por el Parque Rural de Anaga, recién declarado por la Unesco Reserva de la Biosfera.

A sotavento de la isla, en la franja correspondiente al monteverde y por encima de éste hasta los 2300 m en barlovento, el piso siguiente estaría representado por el pinar, en el que destaca el pino canario (Pinus canariensis). Se trata de una especie endémica de incalculable valor por su capacidad de adaptación a muchos tipos de suelo y por su capacidad de rebrote tras sufrir incendios moderados. Podemos disfrutar del aroma y frescor de estos árboles en el Monte de La Esperanza, pero son muy curiosos también los pinares que encontramos por la zona de San José de los Llanos, donde crecen entre lavas, poniendo así de manifiesto su carácter colonizador.

Por encima del pinar, sobre los 2000 m de altitud, encontramos ya unas condiciones climatológicas extremas. Estamos ya en las estribaciones del Teide, y pocas especies son capaces de soportar estas altitudes, y las que se encuentran son endémicas en su mayoría; destaca la presencia de los matorrales de retama del Teide (Spartocytisus supranubius) y el tajinaste rojo (Echium wildpretii).

Además de las especies citadas, en todos los pisos de vegetación, según la época del año, podemos encontrar numerosísimas especies endémicas de pequeño porte pero con vistosas flores que le dan la nota de color al lugar, como las siemprevivas (Limonium spp.), los corazoncillos (Lotus spp.), los tajinastes (Echium spp.), las salvias (Salvia spp.), las chahorras (Sideritis spp.), y un largo etc.

Por último, la mejor forma de comprender la singularidad de la flora canaria es recorrer alguno de los numerosos Espacios Naturales Protegidos, lugares bien conservados en los que podemos contemplar la vegetación mientras caminamos por los senderos o recorremos las carreteras que los atraviesan.

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