Amaro Pargo, una de piratas…

Corsario para sus aliados, pirata para sus enemigos, el tinerfeño Amaro Rodríguez Felipe, más conocido como “Amaro Pargo”, es recordado como héroe o villano a partes iguales, según quien cuente la historia. Lo cierto es que fue un personaje singular, cuyas leyendas han seguido sonando de generación en generación.
Nació en San Cristóbal de La Laguna, en 1678, y su niñez y juventud estuvieron muy influenciadas por la presencia y auge de la piratería en Tenerife, en cuyas costas solían fondear, desde la época de los guanche, barcos en busca de agua potable o algún pueblo para saquear, así como escondite entre las abundantes calas y acantilados de la isla.

En 1701 embarca como alférez en un buque, el Ave María, apodado como “La Chata”. Durante el viaje el navío es abordado por piratas, y el joven Amaro aconseja al capitán simular una rendición, para posteriormente sorprenderlos y librar una batalla de la que saldrían victoriosos. En agradecimiento, el capitán regala a Amaro Pargo su primer barco, con el que comenzaba sus productivas actividades comerciales. Ese mismo año, conseguiría salvar a la galera real de un ataque inglés, obteniendo del entonces monarca Felipe V la Patente de Corso. Este documento otorgaba autorización del gobierno de su nación, bajo cuyo pabellón navega, para perseguir a los piratas o barcos de naciones enemigas.
Se hizo con una nutrida flota, con la que llevaba a América, vino de malvasía de sus cosechas de Geneto, Tegueste y Valle Colino, y el aguardiente que obtenía de sus destilerías. En el trayecto, atacaba a todos los buques ingleses y neerlandeses que encontraba haciéndose con su botín. En sus viajes combatió contra algunos de los piratas más conocidos de su época, entre ellos el famoso “Barbanegra”.
De profundas convicciones religiosas, durante su vida realizó importantes obras de caridad a iglesias, instituciones religiosas y a la propia Catedral de La Laguna. Asimismo, prestaba ayuda a los pobres, a los encarcelados, y siempre se mostró preocupado por la situación de los más necesitados.

Amaro Pargo muere el 14 de octubre de 1747, en La Laguna, a la edad de 69 años, dejando más de 60 casas, 15 heredades de viñas y una inmensa fortuna en joyas. Fue enterrado en el sepulcro de sus padres, en el convento de Santo Domingo de Guzmán, en La Laguna. Sobre su lápida de mármol, aparece un clásico símbolo pirata, la calavera guiñando el ojo derecho y con los dos huesos cruzados.
En 2013 se realizó la exhumación de sus restos, financiada por la empresa de videojuegos Ubisoft, para la realización de la cuarta entrega de la popular saga Assassin´s Creed, Assassin’s Creed IV: Black Flag, ambientada en el mundo de la piratería del siglo XVIII, la llamada “edad de oro de la piratería”. Según Ubisoft, y tras un proceso de documentación e investigación, Amaro Pargo tuvo en su época una reputación y popularidad comparable a la de personajes como “Barbanegra” o Francis Drake.
La fortuna que amasó se calcula estaría valorada hoy en varios millones de euros. La que fue su casa en Machado (El Rosario), ha sido objeto de constantes saqueos en busca de su tan ansiado tesoro, del cual solo se ha verificado y constatado una pequeña parte. Quizás, el resto del tesoro que dejó el “pirata” más famoso de Tenerife continúe escondido en alguna cueva del litoral de la isla, aguardando al afortunado que lo encuentre.

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