Alfredo Kraus

Alfredo Kraus Trujillo, de padre austríaco y madre canaria, creció en una familia aficionada a la música y desde muy niño mostró dotes para el canto. Su formación musical se inició en su ciudad natal, Las Palmas de Gran Canaria, donde comenzó participando en el coro del colegio y más tarde como solista en la coral de la Sociedad Filarmónica. Allí realizó también sus estudios de bachillerato y posteriormente de Perito Industrial, pero su gran afición por el bel canto y la calidad de su voz, que cautivaba a cuantos le escuchaban, le hicieron decantarse por la música. A partir de entonces se dedicó de lleno a completar su formación vocal junto a grandes maestros, en diversas ciudades europeas. Tenía Alfredo Kraus una voz de gran calidez, clasificada como de tenor lírico ligero, que abarcaba un extenso registro, a la que se unían una técnica depurada y gran inteligencia para seleccionar su repertorio; poseía además un estilo sobrio y elegante, cualidades todas ellas que le permitieron interpretar a la perfección a los personajes de la ópera francesa e italiana del siglo XVII, así como numerosas zarzuelas españolas.

En 1956 debutó en el Teatro Real de El Cairo con Rigoletto y Tosca, obteniendo un gran éxito, al que siguieron otros en teatros famosos de todo el mundo. Pero su gran oportunidad le llegó en 1958, cuando fue llamado para sustituir al tenor anunciado en el Teatro Nacional San Carlos de Lisboa, interpretando a Alfredo en La Traviata al lado de la mítica María Callas. Desde entonces su éxito iría in crescendo, ópera tras ópera, teatro tras teatro: Lucia di Lammermoor en el Covent Garden de Londres, La Sonnambula en La Scala de Milán, Rigoletto en el Metropolitan de Nueva York, etc. Entre sus actuaciones más memorables figuran las de Il pescatore di perle o la de La hija del regimiento, pero sobre todo cautivó con el personaje de Werther en La Ópera de París, que interpretaba con gran sentimiento y realismo.

A lo largo de su carrera recibió innumerables premios y distinciones en todo el mundo. En 1997, Gran Canaria quiso homenajear en vida al artista y le puso su nombre al Auditorio, en donde dio el último concierto de su vida. Alfredo Kraus falleció en Madrid en 1999 a los 71 años.

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